“Hay tres cosas extremadamente duras: el acero, los diamantes y el conocerse a uno mismo”.
Benjamin Franklin

Me dijeron que estaba aquí para alimentar mi alma de retos cada día y aprendí que debía convertirla en el alma de un campeón. Consiguiendo esos retos uno a uno, paso a paso, escalón a escalón, despacito y con buena letra, para luego poder leerlos.

Me dijeron que es importante saber ganar y perder más aún. Que lo importante era participar. Dejando a un lado este último matiz, aprendí a ganar perdiendo lo mínimo posible. Porque es imposible ganar sin perder otra cosa, el truco esta en no convertirlo en un hábito. Seguir la partida por muy difícil que parezca y no olvidarse jamás que hasta los mejores pierden alguna vez.

Me dijeron que hay cosas que duelen más, otras que duelen menos y que hay otras con las que simplemente aprendes a convivir. Y anduve jodido y rayado entre lo que quería despierto y lo que quería dormido. Pero aprendí que por mucho que dude, no hay cosa más sincera y directa para saber qué quieres en la vida que un cara o cruz. Entonces busqué una bonita moneda, de esas de coleccionista, y antes de encontrarla ya sabía de qué lado tenía que caer. Decidí tatuarme una cruz y jugarme la vida a una cara.

Me dijeron que en equipo se trabaja mejor y aprendí que se ve mejor con cuatro ojos que con dos. Que para ser el mejor hay que rodearse de gente mejor que tú, que bajar al fango te hace ver realidades que desde un despacho no se pueden ver, que los equipos se protegen los unos a los otros y que la palabra juntos® es la mejor estrategia de marketing jamás hemos sido capaces de crear.

Por tanto, siempre juntos®.

Me dijeron que no diera problemas sin al menos haber considerado antes un par de soluciones que aportar. Que la cabeza no está solo para llevar los pelos. Que hay cosas que es mejor dejarlas como están y otras que hay que intentarlas arreglar.
Y aprendí que hay círculos que la mejor manera de cerrarlos es tomando una cerveza y no con un compás. Que dos más dos no siempre van a ser cuatro, puede que sumen cinco y que hablando tenemos más posibilidades de conseguir que algo salga bien, volviendo a nuestra estrategia, juntos®.
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Me dijeron que dos personas que se quieren y se hacen reír, siempre encontrarían el modo de conseguirlo y tendrían derecho a todo. Parece que más que aprenderlo, me fascinó y me licencie con honores por el Ilustre Colegio de Abogados Kamikazes, sacando la mejor nota de mi promoción en la asignatura de cabezonería y moral. Nuestros derechos por encima de todo, que luego a todos nos va a tocar vivir cosas con las que no contamos.

Me dijeron que el pasado está para aprender y el futuro para crear, con el gran matiz de que nunca está del todo escrito. Y aún sigo intentando aprender porque le damos más importancia al futuro y al pasado que al presente, sin embargo, lo que si aprendí una tarde de capones es:

“Exceso de pasado depresión y exceso de futuro ansiedad”

Me dijeron que debía joderme comiéndome mis malditos impulsos, que para mí entraban dentro de la definición de lo normal y natural. Y aprendí que lo aparentemente natural está regido por unos cánones y normas, que a mí nadie me ha preguntado si me parecen bien o mal.

Y para terminar te diré que las circunstancias no importan. Que hay momentos que hablas con una persona, te das cuenta de la clave e interiormente te suena un “click”. Que existen más fronteras psicológicas que reales. Que tus sueños no serán posibles sin muchos fracasos, que ningún talento es inmune a las exigencias . Que nadie conocerá otra faceta tuya sino se la muestras. Que la felicidad lo compensa todo y que hay desvíos que una vez que los coges no puedes volver atrás

Y yo ya llevo muchos kilómetros recorridos desde aquella salida M-307.

Luc

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