Querida tú, ella y vosotras. Antes de empezar me gustaría deciros a todas, que hace bastante tiempo que pensaba en escribir esto y que no he encontrado mejor momento que ahora para hacerlo.
Quería decir que no se trata de lo que no entendemos, de lo que no vemos, ni de lo que no nos damos cuenta, que muchas veces se trata de vosotras.

Sí, habéis leído bien, Vosotras; “uve, o, ese, o, te, ere, a, ese”. Espero que no os extrañéis, ni miréis este párrafo con caras raras, ni lo volváis a leer otra vez porque una y otra vez dirá lo mismo, VOSOTRAS. O lo que es peor y os gusta menos aún, no os dará la razón y entonces es cuando no vamos a ir bien encaminados, y eso en la mayoría de los casos no suele ser buena idea, así que vamos a llevarnos bien y vamos a seguir.

Me gustaría empezar por resaltar la importancia que tiene la sencillez y la cantidad de veces que la respuesta más sencilla resulta la adecuada. Tratar de empezar por aquí, de entender que más allá de un “no me pasa nada”, no existe un mundo de ideas y palabras a las que tengamos acceso cada vez que usáis esta mágica expresión y digo mágica porque parece ser que detrás de ella se esconden un sin fin de detalles ocultos que nunca aparecen, nada es nada, fin de la historia, que si se buscan motivos para algo, siempre se encuentran. Es más, cómo queréis que entendamos algo, si la gran mayoría no entendéis la emoción que hay en celebrar un gol, ver ganar a tu equipo, sentir unos colores o escuchar el ruido de un motor, por favor si hablamos de entendimientos, intentemos entendernos todos, que luego vienen los malentendidos.

Malentendidos como que los hombres no tienen miedos, no lloran, no necesitan abrazos, no les quita nada el sueño nada y que se dedican a ir por la vida haciéndoos daño, como diría un buen amigo, BASTA YA DE TÓPICOS, POR FAVOR.

Basta ya de decir que no tenemos miedos cuando lo que no tenemos es tiempo para mostrarlos, porque estamos ocupados siendo valientes, caballerosos, poderosos, exitosos, amables, comprensivos, cariñosos, compañeros, cocineros, estilistas, sexólogos, simpáticos, audaces, atentos, creativos, tolerantes, prudentes, respetuosos, apasionados y mejor no seguir, que cuando explotamos y decidimos deciros como nos sentimos parece que haya que pedir permiso, porque o no tiene toda la importancia que decimos o estamos haciéndonos la víctima o estamos echando algo en cara o tiráis de vuestro manual y sacáis una de vuestras míticas frases. “siempre te pasa algo a ti”. Seamos coherentes POR FAVOR.

Permitidme que os aclare que es bastante complicado comprender lo que no se enseña, por tanto aprovecho para deciros que aquí también se llora, independientemente que se nazca con la virtud de que las lagrimas no caigan a simple vista; que también se demandan abrazos sin saber pedirlos, probablemente porque nos hayamos acostumbrado a tener que ser fuertes para que os sintáis más seguras o porque la facilidad de pedirlos la perdimos jugando por ahí de pequeños, además tantas cosas que seguimos perdiendo, como las palabras cuando volvemos del trabajo o el sueño alguna que otra noche; y aquí permitidme que no os explique el porqué, pero que me permita el lujo de deciros que el poder hay que saber utilizarlo y más el que tenéis sobre nosotros, dicho bien y claro podrías utilizarlo mejor de lo que lo hacéis, el resto lo dejo a vuestra libre interpretación.

No quiero extenderme mucho más, pero me gustaría resaltar que pensar no es algo que esté escrito ni dictaminado como ha de hacerse y si sois capaces de poneros en el lugar de vuestras amigas, padres, hermanas, primos, amigos, etc. y dar mil consejos, me gustaría que me aclaraseis porqué nosotros no podemos pensar y razonar de forma diferente.
¿Alguna se ha parado a pensar y meditar lo aburrido que sería que os dijéramos a todo que sí?

De verdad, sacar lo mejor y lo peor de cada uno de nosotros está en las manos de todas y cada una de vosotras, y yo personalmente se que sois muy capaces de conseguirlo. Por eso me gustaría acabar invitándoos a que bajéis la guardia y las armas, que cuando lo hacéis sois más atractivas e irresistibles; que dejemos los reproches a un lado, que solo garantizan malos ratos y que nos olvidemos de las exigencias y las expectativas, que a larga solo nos propician llantos y enfados. Pero, por si fuera poco os incito a que sonriáis más, a todas horas, sin parar; que hagáis más brindis al buen humor y os dejéis llevar más por la locura y la picardía y así seguramente un día todos acabaremos por entendernos, viviremos la vida, descansaremos bien y seremos felices.

Y tú que eres, ¿Capaz o incapaz?

Luc
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