Después de todo este tiempo, me he dado cuenta que te he dicho demasiadas veces “luego”, que he repetido demasiado “ahora no puedo”, que me he apoyado mucho en el “ya lo haré” y que he pensado con demasiada frecuencia “tengo tiempo, no pasa nada” y como lo único que he aprendido es, que puede que no haya luego, que los ahora no puedo pueden reproducirse con facilidad, que los ya lo haré se quedan en listas que recuperamos con el paso del tiempo y que los tengo tiempo son incontrolables porque siempre pasa algo, quería darte las gracias Mamá.

Gracias por los llantos que has soportado estando sola en casa mientras cocinabas o hablabas por teléfono. Ni que decir hay que ese gracias incluye que la comida se te quemara y que la conversación se quedara a medias sin acabar, por venir donde yo estaba a tranquilizarme, cogiéndome o inventándote mil y una caras que me hicieran sonreír. Te prometo que me acuerdo de todas y que a veces me encantaría que estuvieran entre mis iconos de WhatsApp para mandártelas y que veas lo mucho que me gustaban y aunque no lo admita con frecuencia, lo mucho que me siguen gustando.

c8be409840878dc06753f6e3375431dcGracias por las noches que te he despertado, por joderte las siestas, por los madrugones innecesarios, por las ojeras que maquillabas con sonrisas, por adecuarte a mis horarios, por comerte la comida fría, por prestarme tu cara y tu pelo para jugar cuando no tenia nada al alcance de mis manos, por enseñarme a ponerme en pie, por los cientos de kilómetros que has hecho detrás mía con la espalda arqueada para que yo pudiese aprender a coordinar mis piernas y por prestarme tu dedo meñique para estrujártelo una y otra vez. No quiero olvidarme de mis miles e infernales “¿Por qué?”, gracias por tus contestaciones, por tus risas y por tu imaginación, aun sigo pensando que no tiene límites, puede que haya aprendido un poquito de ella y creo que aun me queda mucho por aprender.

Gracias por hacerme creer en la comida y sus poderes mágicos, aunque fracasáramos con las espinacas, con el resto no nos ha ido del todo mal. Siempre creí en la teoría de las zanahorias de que me harían ver mejor y a día de hoy cuando las como sigo guiñando los ojos y creyendo que con cada bocado veo detalles que antes no alcanzaba a ver, supongo que es algo que me acerca a ti.

Gracias por hacerme creer que la leche me haría ser alto y grande, que si no la tomaba me quedaría atrás y por recalcarme que si la mezclaba con algo me sentaría mal, sigo sin aclararme si tomo leche, después no puedo tomar zumo, pero ¿si tomo zumo, después puedo tomar leche?, Hablando de zumos, aprovecho para hacer una mención especial a tus zumos de naranja y a sus vitaminas con piernas que se van corriendo por ahí, sigues diciéndome que si no me lo tomo rápido las vitaminas se le van y yo sigo teniendo el mismo dilema una y otra vez, zumo con vitaminas o tostadas calientes.

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Gracias por hacerme creer en cosas geniales y por hacerme crecer disfrutando de que se me cayeran los dientes, creyendo en el ratoncito Pérez, en los Reyes Magos y en la Navidad, te confieso que cuando me contaste la verdad, me desilusioné un poco, pero luego me di cuenta de que en realidad creía en ti y eso pensándolo bien es aun mejor, con los reyes y con el ratón Pérez no podía hablar.

Gracias por comprender que con el paso del tiempo iba cambiando y que mis gustos y mis necesidades lo hacían también, pero sobre todo gracias por no dejar que me olvidara de quien era y por no decirme jamás quien debía ser, por dejarme experimentar, equivocarme, aprender, descubrir, llorar y reír, por coger el teléfono a cualquier hora y levantarte de miles de cenas, por venir a buscarme donde estuviera, dejarme en casa y volverte a ir.

Gracias por las noches que has pasado en vela dando vueltas en la cama, en las que cualquier mensaje te ha despertado pensando que me habría pasado algo y por las llamadas en las que solo preguntabas si estaba bien, podía parecer que me molestaba pero ahora hay veces que lo echo de menos.

Gracias por tu tolerancia y por aprender a compartir nuestro tiempo con los demás, por entender que debía salir del nido y por invitarme a no parar por mucho que te salgan dos lágrimas cuando me tengo que marchar.

Gracias por no perder los nervios cuando yo los he perdido, por dejar las cosas que quieres y te gustan en segundo plano, por animarme y enseñarme a hacer cosas que tú con tu edad no hiciste y te prometiste a ti misma que yo podría hacer.

Gracias por entrar en mi cuarto cuando te acuestas más tarde que yo, creyendo que no me doy cuenta, arroparme, darme un beso, llenar mi vaso de agua, apagar o encender el calentador y levantarte temprano para encender el del baño, arrancar el coche para que estuviera caliente cuando me tenía que montar, madrugar para llevarme al colegio y no olvidarte de mi bocadillo para merendar.

Gracias por animarme cuando creía que algo no saldría bien, por hacerme ver las miles de posibilidades que existían antes de que saliera mal y por tranquilizarme que siempre hay una segunda oportunidad, por convencerme de que las heridas duelen menos cuando no se piensan y por hacerme creer que no tenía nada aunque en realidad tuviera una brecha de 10 puntos que te preocupaba más a ti que a mi, por enseñarme a ver el lado bueno de las cosas y no contarme muchas para no preocuparme, por estar ahí cuando he estado mal a sabiendas que tú estabas aun peor y que verme así no te hacía ningún tipo de bien, por esto aprovecho para pedirte perdón.

Gracias por aguantar mis tonterías y mis aires de grandeza cuando te he contado algo escuchando que destacaba por A o por B en una o varias situaciones y por escuchar mis mil maneras de arreglar el mundo, montar una empresa o revertir una situación y no ser capaz de mantener limpio y ordenado el caos de mi habitación, por aguantar mi orden y que como aun sabemos la mayoría de las veces sigue sin parecerse al tuyo.

Sigo creyendo que hay cosas que me las tomo demasiado enserio y tú sigues diciéndome que cuando algo no tiene solución para qué me preocupo, que el éxito se basa en insistir, que si algo no me gusta y no puedo cambiarlo siempre puedo dejarlo, que pase lo que pase después de cumplir mis obligaciones recuerde cumplir mis sueños y que confías en mí. 

Gracias Mamá.

Luc
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